- En la tumba de Antonio José Rivas y de Edilberto Cardona Bulnes, poetas se dieron cita para leer en homenaje a su vida y obra
En el Centenario del aniversario de nacimiento del Poeta Antonio José Rivas, se desarrolló un íntimo evento de homenaje a este suceso en la ciudad de Comayagua.

A la luz de la tarde, entre arrumacos de viento, con pequeñas multitudes de personas yendo y viniendo entre las tumbas, que visitaban a sus difuntos; el Movimiento Literario Lienzo Breve, visitó la tumba del Poeta.
Las voces de los escritores cantaron los versos de Rivas, a través de una lectura de su obra, en un acto que, aunque excéntrico, también fue sublime e íntimo, manifestando un total respeto a la memoria y la grandeza de su obra.

En tal peculiar homenaje, hubo música en vivo, lectura de los poemas del poeta Rivas y también cada uno de los escritores leyó su obra propia ante la tumba, queriendo imitar y seguir su ejemplo de tan magna figura de las letras hondureñas.
El profesor Darío Pineda, exdirector del Instituto León Alvarado y el escritor Félix Martínez, contaron algunas anécdotas de Rivas, como “cuando escribió un poema en una hoja de papel para una dama pero que nunca fue entregado” o que “en las noches de bohemia, el poeta Rivas nunca pasó de dos cervezas”.

Por lo contado, se denota como Rivas, era un hombre comedido, no de excesos, y que siempre estaba en constante creación, no importando el lugar ni las circunstancias, si él quería crear, creaba donde fuera que estuviese.
Los miembros del Club de Lectura Niwami, de la ciudad de La Paz, también estuvieron presentes en el evento, y participaron activamente de la lectura, misma que también fue realizada en la tumba del Poeta Edilberto Cardona Bulnes, no menos importante.

Por la noche se desarrolló una segunda parte de este homenaje, en el que también hubo música en vivo, mesas de lectura por parte de los poetas de Lienzo Breve y de Niwami.
En esa mágica noche se contó con la presencia de los familiares del poeta Antonio José Rivas, Su hijo, su hermana, sobrinos; a quienes se les entregó un pergamino de reconocimiento a la labor del poeta.

Emocionados y agradecidos, ellos también contaron algunas anécdotas con el poeta, quien siempre se mostró enorme y basto en conocimientos, pero con una bondad que solo su corazón podía regalar a los demás, según lo contado.
El maestro Cesar Jovel Castillo, interpretó algunas melodías para el final del acto, y relató que conoció al poeta Rivas de niño, y que de Rivas salió decir a su padre que “ese niño suyo va a ser un gran músico”, prediciendo lo que es él actualmente.

De esa forma cerró la noche, que estrellada, quedó vigilando el sueño eterno de Rivas, de Cardona y de tantos escritores que yacen en el cementerio de Comayagua.



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